The piano man

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Electricidad

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La noche de un bar fue el escenario perfecto para darme cuenta que existen momentos en la vida que hacen que el sentimiento tome fuerzas y sea un trampolín para otra etapa en la que uno mismo va creciendo. En la tarde de ese día me electrocuté con su mirada. Fue una fuerza increíble! Tan increíble que me quitó la respiración… Esa tarde no lo pude evitar y desnudé frente a ella uno de mis anhelos más profundos. Me puse nervioso, sentí una fuerza en el estómago que sólo me impulsaba a abarcarle el cuerpo con el mío y poder transmitirle todo lo que siento con un abrazo y un beso.

Coincidimos! Eso es lo que más me impresiona de mi historia, que en esta metáfora tan deliciosa he podido coincidir con ella y se que algo va a pasar… ambos lo sabemos.

La noche en el bar fue precisa, efímera… tantas canciones que resumían una sola palabra: Te quiero… y te quiero conmigo! Todo quedó alineado como si las cosas se fueran ordenando. Con miradas, notas musicales y palabras dichas al viento, Yo, el hombre del piano, me inspiré para darle mi mejor melodía, mi mejor canción, mi mejor mirada y mi mejor deseo.

Ver el mar es reconocer lo inmenso que esto puede ser. Ver unos lirios es reconocer la belleza de su rostro, ese que me tiene loquito; escuchar su canción es escuchar nuestra historia y estar con ella es reconocer que 5 minutos pueden parecer una eternidad. Besar su mejilla es acercarme a una fuente hermosa de vida: Sus labios! Es reconocer que mi pecho es un volcán y que se avecina una tormenta eléctrica. Estoy expuesto a que me caiga un rayo! Que rico sería, no? Que rico siento verle entre una multitud y reconocerle, casi una década después de nuestro primer encuentro empírico. Nada pensado, nada planeado… como cuando dejo a mis dedos ser lo que Dios les ha permitido ser y puedo crear música.

La noche fue del músico y la dama, ella quien penetró la esencia de su querer en el tacto de sus dedos; esa noche fue testigo de sonidos, estrellas, sentimiento, misterio y Música. “…y pensar que la música fue la que permitió nuestro primer intercambio verbal… Sí, la música. Un elemento que JAMÁS faltará entre nosotros mientras siga despertando un milagro con el sol! Dime tu nombre, querida… Aquí estoy esperando que me lo digas para poder susurrarte al oído lo increíble que siento cuando abrazo tu nombre y tu mirada en mis noches. Te adoro con mucho sentimiento, mucha música y electricidad”, fue lo que el hombre del piano le dijo entre miradas y silencio.

 

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Written by Pedro

December 15, 2010 at 8:05 pm

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